Tras cerrar la puerta de golpe, el mundo no se ordena sino que se descompone. Aparecen gestos que no estaban previstos, respiraciones que cambian de ritmo, cuerpos que avanzan sin mapa. Nada se sostiene del todo, pero todo empieza a moverse de un modo casi mágico, maravilloso.
Proyecto Nora habita ese desplazamiento, la escritura casi 150 años después de la puerta abierta por Henrik Ibsen en su Casa de Muñecas.
¿Que sucedió con Nora tras dejar atrás su vida? ¿qué proceso emocional y vital comenzó entonces y como se ha transformado hasta nuestros días? Durante casi tres años hemos querido habitar el mundo de cientos de Noras cuyas vidas dejan de parecerse a lo que eran tras tomar algunas decisiones. Espacios atravesados por la duda, la memoria y una forma nueva —todavía frágil— de libertad.
Siete intérpretes comparten ese tránsito desde un lenguaje construido con lo mínimo: la voz, el cuerpo, la repetición, la escucha. Lo que ocurre se sostiene en la presencia, en lo que aparece entre unas y otras.
El público no observa desde fuera. Forma parte del mismo espacio, rodeando la acción, compartiendo cercanía, tiempo y respiración. En ese lugar común, lo íntimo deja de ser individual y la pregunta permanece hoy más que nunca, sin cerrarse: ¿qué hacemos con lo que heredamos?