Después del portazo, no hubo silencio. Hubo pasos inciertos, vértigo y canciones apenas sostenidas entre dientes. Un cuerpo que avanza sin saber del todo hacia dónde, atravesado por la duda, pero también por una luz nueva, inesperada.
Proyecto Nora nace de una pregunta que atraviesa generaciones: ¿qué ocurre cuando una mujer decide? Durante mucho tiempo, a muchas mujeres no se les permitió hacerlo. Decidir implicaba romper con lo esperado, asumir riesgos y, en muchos casos, hacerlo en soledad.
Lejos de situarse en el instante de la ruptura, esta propuesta se instala en lo que viene después: un territorio inestable donde conviven el alivio, el miedo y la posibilidad. No se trata de contar una historia, sino de abrir un espacio donde esa decisión pueda sostenerse en el tiempo.
La figura de Nora aparece como referencia simbólica, no como personaje. Nos interesa el eco de su gesto: la vida que se abre tras él y las vidas que quedaron atrás. Desde ahí, el proyecto articula un recorrido escénico coral en el que siete intérpretes atraviesan distintos estados emocionales sin desarrollo narrativo.
El lenguaje se construye desde lo esencial. Voz y cuerpo operan como materia principal a través del canto, la respiración, el silencio y la acción física. El espacio se organiza en torno a una mesa, elemento cotidiano vinculado al encuentro y la transmisión, alrededor de la cual se sitúan intérpretes y público, eliminando la distancia escénica.
Proyecto Nora se sitúa así en un territorio híbrido entre el canto coral, la performance y el trabajo corporal vinculado a expresiones como la danza contemporánea y el teatro físico.